En 1812, al sur de la actual Jordania, un joven suizo llamado Johann Ludwig Burckhardt se disfrazó de pastor y se internó por un desfiladero de piedra. Quería comprobar si era verdad que allí había una ciudad oculta. Y tras una caminata, contempló una gigantesca tumba, con columnas y aposentos, que poco después se la conocería como El Tesoro. Veinte siglos olvidada, Burckhardt había redescubierto Petra, la ciudad de los nabateos.

 Texto y fotos: Juan Pedro Chuet-Missé

fotos Petra JuanPedro Chuet Misse

Petra es el principal reclamo turístico de Jordania, un país de una paz insólita entre vecinos que tienen a la guerra como deporte nacional. Su nombre, que en griego significa piedra, no es en vano, porque toda la ciudad fue esculpida en la roca, gracias a las caprichosas formaciones geológicas que las rocas adoptaron en estos valles.

En realidad, Petra es un cementerio de tumbas de reyes y nobles. Los estudios arqueológicos sugieren que los nabateos eran grandes escultores pero no tan buenos arquitectos, por lo que preferían moldear las rocas en honor del descanso de sus autoridades y vivir en tiendas de campañas como los actuales beduinos.

Petra, Juan Pedro Chuet Misse

Justamente, por más que el parque arqueológico de Petra esté bien vigilado, en las afueras del circuito turístico hay beduinos que siguen residiendo dentro de tumbas más modestas, tal como sus ancestros desde hace siglos.

Por ello, si uno decide apartarse de las multitudes y coger alguno de los senderos que rodean el parque monumental, es común que algún beduino ofrezca beber un té extra dulce con hierbas, e intentar conversar en un inglés básico. Eso sí, siempre con una sonrisa en la cara.

Petra, Juan Pedro Chuet Misse

El poder de Petra residió en su posición estratégica, en la confluencia de la Ruta de la Seda y de otras caravanas de Oriente hacia el Mediterráneo. Aunque no eran grandes militares, sí aprovecharon para cobrar peajes a las caravanas, y gracias a su poder económico también pudieron esculpir esas gigantescas tumbas, además de aprovechar las formaciones rocosas para moldear anfiteatros y canales de riego.

Una vez que los romanos por fin pudieron conquistarlos –gracias a sobornos, dicen las habladurías–, también dejaron su huella en diversos templos, como luego lo hicieron los bizantinos; hasta que poco a poco Petra fue perdiendo interés estratégico y pasó a ser devorada por las nieblas de la historia.

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Hay días en que se puede ver otra cara de la ciudad: dos veces por semana, se ofrece el espectáculo Noche en Petra, donde el desfiladero que descubrió Burckhardt se ilumina con cientos de velas, y se llega a la explanada de El Tesoro. Allí, la tenue luz de cientos de velas recuerda que pasarán generaciones de hombres, pero esas tumbas silenciosas seguirán desafiando al tiempo.