Al sur de Alemania, Munich se erige como una ciudad que combina un rico pasado histórico con un futuro de vanguardia y modernidad. Orgullosa de su legado industrial, se presenta con divertidas costumbres donde la cerveza es la reina de la vida social. Además, sus inmensos parques permiten conocer una equilibrada relación entre urbanismo y naturaleza.

«Entre el arte y la cerveza, Munich es como un pueblo acampado entre colinas», escribió el poeta alemán Heinrich Heine. Y si bien lo dijo hace más de un siglo y medio, no se ha equivocado demasiado, porque Munich, la tercera ciudad más importante de Alemania, sigue conservando un bonito aire provincial en sus barrios y jardines. O inclusive en su animado centro comercial.

Pero no hay que dejarse llevar por estas apariencias. Porque a su vez, Munich también presenta una cara de innovación y vanguardia, encabezado por la presencia de dos de los gigantes industriales germanos como son la BMW y Siemens, o por el prestigio de sus universidades. Tradición y modernidad, una combinación que hace que Munich sea considerada la ciudad alemana con mejor calidad de vida.

Como en tantas ciudades alemanas, si su centro histórico se presenta tan impecable y reluciente no es sólo por el cuidado de sus ciudadanos, sino porque los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial la han dejado reducida a poco más que ruinas. Cómo habrá sido la destrucción que debajo de las onduladas colinas del Parque Olímpico, de 3 km2, se encuentran los miles de metros cúbicos de escombros que causaron las bombas.

Si te preguntas Qué puedo hacer en Munich, El Mal Camino te propone este artículo sobre turismo en Munich para descubrir Munich y conocer Munich, escrito por Juan Pedro Chuet-Missé. Las propueatas de viaje de Munich Alemania del periodista Juan Pedro Chuet, que te ayudarán a planificar un viaje a Muchich y contestar la pregunta: qué hacer en Munich?

Al alzar la vista en la Plaza de María (Marienplatz), dos perfiles se distinguen: las cúpulas en forma de bulbo de la Catedral de Nuestra Señora (Frauenkirche) y las torres neogóticas del Ayuntamiento. En elegancia y presencia les compiten los edificios del Palacio Real de Munich y el Palacio de Nymphenburg, en ambos casos antiguas residencias de los reyes de Baviera.

Caminando por las callejuelas se llega a las clásicas cervecerías bávaras como la Hofbräuhaus, tan grandes que se pierde la vista entre bancos y mesas, pretzels y jarras de litro, músicos con trombones y platos con frankfurts. Quizás sea un poco topicazo, pero pasarse un buen rato conociendo gente, riendo y escuchando las melodías bávaras es algo que no hay que dejar pasar. Eso sí: cabe preparar el hígado, porque la resistencia etílica de los lugareños ante la cerveza causa envidia.

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Otro imperdible en el centro es el inabarcable Deutsches Museum, un gigantesco complejo dedicado a la evolución de la ciencia y la técnica, donde se pueden contemplar aviones de todas las épocas, fragmentos de naves espaciales, insólitos instrumentos ópticos, las primeras bicicletas y locomotoras y un largo etcétera que totalizan más de 18 mil objetos en el área de exposición.

Pero la última tecnología vive y se siente en el Museo de BMW, en el Parque Olímpico. Y es un error pensar que este centro es sólo para fanáticos de los coches, porque el edificio, con forma de ensaladera, tiene escaleras que se retuercen y paredes moldeadas –además de una bonita terraza- que vale la pena conocer.

Y si hablamos de vista, no hay que dejar de subir a la Olympiaturm, la torre de 290 metros de alto que permiten tener una fantástica panorámica de toda la ciudad. A unos pasos, y es mejor verla desde arriba, se despliega el revestimiento plástico del Estadio Olímpico, que si se suma a la estructura del museo BMW, pareciera que en ese rincón de Alemania no existiera el ángulo recto.

Y esa es una buena metáfora: el mito es de que los alemanes son fríos, distantes y poco amigables. Demasiado rectilíneos, diría un amigo matemático. Pues no: muchos bávaros son amables y cercanos, sólo que hay que saber cómo tratarlos. Y una cerveza ayuda mucho.

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