La reina Isabel II (91 años) y Felipe de Edimburgo (96 años) han vuelto a batir su propio récord. El 20 de noviembre celebraron sus 70 años de matrimonio o, por decirlo de una forma más elegante, sus bodas de titanio. Por tal motivo, los Windsor –apellido inventado a principios del siglo XX para erradicar las raíces alemanas de la familia reinante- pusieron toda la maquinaria a punto para obsequiar al mundo con cuatro retratos oficiales de la real pareja realizados por Matt Holyoak.

En una de las imágenes, la pareja posa regiamente en el White Drawing Room del castillo de Windsor. Su majestad está elegantemente vestida con un vestido en color crema de su diseñadora fetiche, Angela Kelly, que ya ha lucido en anteriores ocasiones, y en el que luce espléndidamente un broche en oro, diamantes y rubíes de Andrew Grima que su esposo le regaló en 1966. Tras ellos, los retratos de sus antepasados, el rey Jorge III del Reino Unido y Carlota de Mecklemburgo-Strelitz.

Nadie podía imaginar cuando se conocieron por primera vez en 1934 durante el enlace de la princesa Marina de Grecia y Dinamarca y el príncipe Jorge, duque de Kent, que su historia de amor sería legendaria. Eso sí, plagada de cuernos. Felipe de Edimburgo, por aquel entonces un apuesto efebo rubio de origen germánico, saltaba de cama en cama mientras la soberana británica se aferraba estoicamente al cetro de la cruz en el que está engastado el Culinan I, uno de los diamantes tallados más grandes del planeta. Se rumorea que por los brazos del duque de Edimburgo han pasado las actrices Zsa Zsa Gabor y Patricia Hodge o lady Penny Brabourne.

 

Las paredes del palacio Buckingham están llenas de secretos. Si hablaran, los cimientos de la monarquía que más páginas del corazón ha acaparado en las últimas décadas temblarían a lo largo y ancho de la Commonwealth. Pero eso no importa. El aire legendario de los Windsor puede con cualquier tormenta inimaginable. Y la reina Isabel II lo sabe. Ya lo dijo proféticamente el depuesto rey Faruk de Egipto antes del enlace de Grace Kelly con Rainiero de Mónaco: “Dentro de unos años en el mundo sólo quedarán cinco reyes: los cuatro de la baraja y la reina de Inglaterra”.

Tras vivir en primera persona los bombardeos en Londres durante la II Guerra Mundial junto a sus padres, llegó el día de la felicidad. Al enlace fueron invitados 2.000 personas, entre ellas, el rey de Iraq o la princesa Juliana y su esposo Bernardo de los Países Bajos. El diseño del vestido de la novia corrió a cargo de Sir Norman Hartnell y el anillo de prometida lo realizaron los joyeros Philip Antrobus en oro y platino usando algunos de los diamantes de la tiara que perteneció a la madre de Felipe, la princesa Alicia de Battenberg. El pueblo olvidó la época gris de la contienda para lanzarse a las calles para vitorear a los recién casados.

A lo largo de su vida, la reina Isabel II ha ido superándose así misma y al destino. El listón estaba alto, pero Lilibeth, como conocían familiarmente de pequeña a la soberana, superó lo que ya estaba escrito en los libros de historia. Si su tatarabuela, Victoria del Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda y emperatriz de la India, estuvo en el trono 23.226 días (63 años), Isabel II pulverizó ese récord el 9 de septiembre de 2015, convirtiéndose en la testa coronada que más tiempo ha estado en el ‘poder’ en la historia de la monarquía británica.